Fábula sobre la paciencia y la esperanza, excelente para entender por qué la lotería en Sort es aún a día de hoy una de las tradiciones más arraigadas en nuestro país y porqué tantas personas juegan año a año con una sonrisa:

Hace muchos años, vivía en Sort un pastor con dos ovejas y sus dos corderitos. Cada noche el pastor los resguardaba del frío y del viento en un pequeño cobertizo junto a su humilde casa en las montañas, donde además podían dormir plácidamente sin miedo a ser cazadas por los lobos que por allí habitaban.

Y cada mañana, el pastor dejaba a las ovejas mayores en los verdes prados de Sort para que pudieran corretear y pastar libremente.

Un día las ovejas se alejaron del pastor y cruzaron un pequeño riachuelo, afluente del río Noguera Pallaresa. Estuvieron divirtiéndose, jugando entre ellas y pastando sin prestar atención al caudal, que tras unas pocas horas había aumentado enormemente. Al darse cuenta de que no podían cruzar las aguas, que ya no eran tranquilas, sino fuertes y peligrosas, se pusieron nerviosas y comenzaron a balar desesperadas.

A los pocos minutos llegó el pastor a la orilla opuesta, pero poco podía hacer puesto que las aguas también eran peligrosas para él.

Una de las ovejas comenzó a impacientarse y entre sollozos dijo:

–      El río no descenderá ¡Si llega la noche el pastor se irá sin nosotras y si nos matan los lobos, nuestros corderitos morirán de hambre!

Su compañera intentó calmarla y le respondió:

–      No pierdas la esperanza. El pastor nos adora y nunca nos dejará. Además, ya hemos visto otras veces cómo a veces los ríos crecen y siempre las aguas vuelven a su cauce. Volveremos pronto junto a nuestros corderitos.

Pero de nada valieron sus sabias palabras. La primera oveja no pudo esperar más y tras caminar unos pasos, las aguas bravas la arrastraron río abajo, tras la impotente mirada del pastor que observaba la triste escena desde la orilla opuesta.

Unas horas después, al atardecer, las aguas poco a poco fueron menguando y el pastor que hasta ese momento esperaba sentado en una roca, pudo cruzar con precaución y rescatar a la otra oveja, que paciente también esperaba al otro lado.

Finalmente en casa, el pastor reunió a la oveja superviviente con su hijo corderito y con el cordero huérfano que la aceptó como madre adoptiva.

La moraleja de esta fábula es bien sencilla:

Sin esperanza es imposible tener paciencia, porque nadie espera lo imposible y la esperanza más fuerte es la que nace en las situaciones más difíciles. Hay que tener paciencia y nunca perder la esperanza, porque todo llega a su debido tiempo.

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Os dejamos con un vídeo de la lotería en Sort