18/01/2019

Las sabias trimentinaires

una pintura de dos mujeres recogiendo bayas en un bosque .

No hace muchos años, algunas curanderas de la comarca de los Pirineos recorrían a pie decenas de kilómetros para llevar a las masías de los alrededores hierbas y productos curativos.

El oficio de trementinaire es ya historia, aunque no esté escrita. Y es que estas mujeres nunca dejaron ningún testimonio escrito que demostrara que ese oficio existió realmente. Todo lo que sabemos y su trabajo nos ha llegado por transmisión oral, a través del recuerdo de la gente de la zona, sobre todo hijas y nietas de trementinaires, y de la gente de fuera del valle que las veía pasar o que las alojaba en su casa.

Por eso me interesa recuperarlas y difundir desde mi blog el viejo oficio femenino de trementinaire, un ejercicio de sabiduría fruto de la tradición popular.

La presión demográfica de mediados del siglo XIX provocó el éxodo estacional de muchos hombres y mujeres de estos valles hacia zonas más ricas. Y fue en ese marco de desmembramiento social que muchas mujeres del valle se dedicaron a extraer de esta tierra áspera y poco agradecida un medio para sobrevivir. Caminando y cargadas de hierbas y aceites, irían «curando y curando todos los males» por tierras catalanas. De modo que parece que fue a mediados del siglo XIX cuando se iniciaron los primeros viajes de las trementinaires; de hecho, la memoria colectiva no tiene constancia de la existencia de esta ocupación antes de 1875.

El conocimiento de las plantas, sus virtudes medicinales y los procesos de elaboración de remedios ancestrales, adquiridos por transmisión oral, fueron, entre otros, los factores que motivaron a ejercer este nuevo oficio.

Este oficio absorbió a la mayor parte de la población femenina del valle durante más de cien años.

Marchaban una o dos veces al año y podían estar fuera desde varios días hasta cuatro meses. La mayoría de las trementinaires seguían siempre la misma ruta, ya que la gente de la mayor parte de las masías a las que iban eran sus clientes año tras año. No acostumbraban a entrar en las grandes ciudades ni frecuentaban los mercados para vender sus remedios, puesto que utilizaban una relación más personal y directa con la gente.

De todos los remedios que comercializaban las trementinaires, el producto más solicitado era, sin duda, la trementina. Por este motivo, fuera del valle la gente bautizó a las vendedoras ambulantes con el nombre de trementinaires. (Podríamos traducirlo como «trementineras», aunque, al ser un oficio que sólo se desarrolló en Cataluña, no hay una traducción oficial conocida.)

El proceso de elaboración original de la trementina comienza con la extracción de la resina del pino silvestre. Ésta, una vez purificada, está lista para emplear. Su aspecto, cuando está fría, es sólido, cristalino y oscuro. La composición que se conoce es la de una trementina reelaborada a partir de las materias primas compradas en las droguerías —la engancha griega— y en las farmacias —la esencia de trementina.

Cada trementinaire fabricaba así su propia trementina, y podían encontrarse diferentes texturas, colores y fluidez. El uso más frecuente que se daba en la trementina era en forma de parche para aplicar sobre la zona afectada. Los parches de trementina eran muy utilizados contra el dolor, los golpes y los esguinces. También era útil para curar las picaduras de araña y de víboras, las úlceras e infecciones importantes, así como contra los resfriados.

Aunque muchas de estas mujeres eran analfabetas, las trementinaires tenían en mente todos los conocimientos necesarios. Emília Llorens, una de los pocos testigos que todavía viven, acompañó en sus viajes, desde los siete hasta los dieciséis años, Maria Majoral, su abuela. Emilia recuerda que su abuela siempre sabía qué recomendar en cada caso.

Uno de los aspectos que más sorprende de este oficio es su componente nómada. Las trementinaires recorrían a pie amplios territorios, desde el valle de Lavansa hasta las tierras llanas del interior y el litoral, para vender sus remedios. En algunos casos llegaron hasta la misma franja costera, y hay testigos que indican que habían vendido hierbas en la Fira de Sant Ponç de Barcelona.

Fuente: Un cajón revuelto

Enlace: http://ow.ly/kJDz5