La primavera es la época en que los rebaños de ovejas, vacas y yeguas comienzan su subida hacia los pastos de alta montaña del Pallars Sobirà. Sin embargo, las reservas de nieve y las condiciones meteorológicas pueden retrasar ese momento tan esperado por los ganaderos.
En zonas de alta montaña como el Puerto de la Bonaigua o Lladorre, la presencia de nieve y los ventisquers han hecho que algunos rebaños hayan tenido que esperar más tiempo antes de poder acceder a los prados de verano. Durante estas semanas, los animales permanecen en zonas más cercanas a los pueblos, donde todavía pueden encontrarse alimento suficiente.
Sin embargo, este retraso tiene consecuencias para los ganaderos, ya que la hierba que los animales consumen durante este período es la que habitualmente se destina a segar y guardar como reserva para los meses de invierno.
La importancia de los pastos de alta montaña
En la zona de Lladorre, en el Pallars Sobirà, la subida de los rebaños a la montaña es una tradición muy arraigada. Durante el verano, diferentes rebaños comparten los pastos de alta montaña bajo la vigilancia de un pastor que se encarga de controlar a los animales y garantizar su bienestar.
En esta zona pueden llegar a concentrarse varios rebaños, con miles de ovejas que aprovechan los recursos naturales de la montaña en los meses más cálidos.
El retraso de la subida no sólo supone una pérdida económica para los ganaderos, sino también un aumento del trabajo diario. En lugar de poder dedicarse a la siega y preparación de las reservas de hierba para el invierno, deben seguir cuidando a unos animales que todavía no han podido llegar a los pastos habituales.
Nieve y seguridad de los animales
Los últimos grosores de nieve en las zonas más elevadas también pueden suponer un riesgo para los animales. Los ventisqueros pueden dificultar el desplazamiento de los rebaños y provocar problemas, especialmente en los animales más jóvenes, que son más vulnerables al frío y la humedad.
Además, andar durante largos ratos sobre la nieve puede causar lesiones en las patas de los animales. Por este motivo, los ganaderos esperan que las condiciones sean adecuadas antes de realizar el traslado definitivo hacia las zonas altas.
Una tradición vinculada al paisaje del Pallars Sobirà
La ganadería extensiva forma parte de la identidad del Pallars Sobirà y contribuye a mantener vivo el paisaje de montaña. Los pastos de verano, las vías pecuarias y la figura del pastor son elementos que forman parte de la cultura y la historia de este territorio.
Con la llegada del buen tiempo, los rebaños recuperan progresivamente los prados de alta montaña, un espacio natural en el que pueden alimentarse en libertad y continuar una tradición que se mantiene viva generación tras generación.
Fuente: La Vanguardia